Logia “Estrada Palma” — Un siglo de silencio, método y perseverancia masónica

Hay logias que no hacen ruido, pero dejan huella.
La “Estrada Palma” es una de ellas: cien años de trabajo constante, lejos del foco, cerca del método.
Su historia es la de la masonería que persevera.


La Habana de comienzos del siglo veinte era un hervidero de ideas, esperanzas y contradicciones. En ese clima nació, en 1921, la Respetable y Centenaria Logia Estrada Palma, cuando la joven república cubana buscaba afirmarse tras décadas de lucha y tutela externa. No surgió del lujo, sino del deseo de ordenar la vida moral y cívica de hombres comunes comprometidos con su entorno. Sus primeros hermanos fueron profesionales, obreros y comerciantes que entendían la logia como escuela de ciudadanía. En barrios donde la política gritaba y la pobreza apremiaba, el taller ofrecía silencio, método y fraternidad activa.


La Logia Estrada Palma se constituyó bajo los auspicios de la Gran Logia de Cuba de Antiguos, Libres y Aceptados Masones, integrándose con disciplina y respeto a la regularidad. Desde sus primeros trabajos asumió el Rito Escocés Antiguo y Aceptado como vía iniciática, cuidando formas, rituales y transmisión oral. A lo largo de un siglo sobrevivió a dictaduras, revoluciones y exilios, adaptándose sin renunciar a principios. Su traslado y asentamiento definitivo en el Oriente de Playa, en La Habana, consolidó una presencia estable y discreta. La continuidad generacional fue su mayor triunfo, más que cualquier título o reconocimiento externo.


Estrada Palma no fue solo un nombre histórico, sino una declaración de intención. La logia cultivó valores de libertad, laicidad y progreso moral, entendiendo el símbolo como herramienta pedagógica. El templo fue laboratorio ético donde la escuadra y el compás servían para medir conductas antes que discursos. Su legado se expresa en obras silenciosas: educación, socorro fraternal y debate ilustrado. Muchos de sus miembros participaron en la vida cultural y cívica del país sin exhibir mandiles. Esa discreción, lejos de ocultamiento, fue coherencia con una masonería que trabaja en lo profundo.


Hoy, a más de cien años de su fundación, la Logia Estrada Palma sigue siendo referencia de perseverancia. En tiempos de polarización y ruido, recuerda que la masonería no es tribuna, sino taller. Su historia enseña que la regularidad se sostiene con práctica diaria y que la fraternidad no depende del contexto político. Para las nuevas generaciones, su ejemplo invita a comprender la logia como espacio de formación interior y compromiso social equilibrado. Mirar su trayectoria es reencontrarse con una masonería cubana viva, arraigada y silenciosamente transformadora.
Su centenaria existencia demuestra que una logia no se mide por cantidad, sino por coherencia. Estrada Palma ha sabido mantener puertas abiertas al diálogo intergeneracional, cuidando la iniciación, el estudio y la ética cotidiana. En un mundo acelerado, su ritmo pausado reivindica el tiempo simbólico y la escucha atenta. No promete respuestas rápidas, ofrece trabajo constante. Esa pedagogía lenta resulta hoy contracultural y necesaria. La logia invita a volver a lo esencial: reunirse, estudiar, reflexionar y actuar con prudencia. Así, sin estridencias, continúa trazando una línea invisible entre pasado y futuro, recordando que la verdadera modernidad masónica consiste en permanecer fiel al método, a la fraternidad vivida y al servicio silencioso del bien común. Ese es su mensaje final, sencillo y firme, para quien busca masonería auténtica: constancia, estudio, humanidad compartida, y la paciencia necesaria para construir sentido, piedra a piedra, juntos hoy siempre.

Comentarios

Entradas populares de este blog

William Makepeace Thackeray — El masón que desenmascaró la vanidad humana

Charles Lindbergh Volar más alto no siempre significa ver más lejos

1938 Cuando el franquismo quiso borrar la Luz de los muros