Logia “La Zélée” — Ilustración, inclusión y resistencia en Bayona
Hay logias que nacen del ritual y otras del coraje.La Zélée nació de ambos.Su historia es una lección de inclusión y resistencia.
En 1772, Bayona era un cruce de caminos entre comercio, ideas y culturas. Puerto activo y ciudad fronteriza, respiraba el aire inquieto del Siglo de las Luces. En ese contexto se fundó la Respetable Logia La Zélée, primera logia masónica documentada en la ciudad. Su primer Venerable Maestro fue el impresor Vernay, acompañado por los médicos Commamale y Lamothe como Vigilantes. No fue casual: imprenta y medicina representaban saber, difusión y servicio. La logia nació con vocación cívica, integrada por hombres atentos a su tiempo, convencidos de que el progreso moral debía caminar junto al progreso social.
La Zélée se incorporó al Gran Oriente de Francia en 1776, consolidando su regularidad y proyección. Desde sus inicios destacó por un espíritu ilustrado y humanista poco común. Según el historiador Jean Crouzet, fue la primera logia francesa en admitir hermanos judíos, un gesto audaz en una época marcada por exclusiones religiosas. Esta decisión no fue anecdótica: expresaba una concepción radical de la fraternidad. La logia interrumpió sus trabajos durante el Terror jacobino, cuando la sospecha y la violencia alcanzaron a toda forma de sociabilidad. Resurgió en el período napoleónico con más de cien miembros, en su mayoría comerciantes, adaptándose a los cambios sin renunciar a principios.
A lo largo del siglo XIX, La Zélée reflejó las tensiones de la sociedad francesa. Durante la monarquía de julio atrajo a profesionales liberales, abogados y médicos, reforzando su perfil intelectual. Sin embargo, conflictos internos condujeron a su disolución en 1847. La logia renació en 1892 bajo el impulso del médico Camille Delvaille, recuperando su vocación laica y combativa. Se enfrentó abiertamente a la Iglesia y desarrolló una intensa labor humanitaria durante la Primera Guerra Mundial. En clave simbólica, La Zélée encarnó la perseverancia masónica: caer, levantarse y seguir trabajando por la dignidad humana.
El mayor esplendor de La Zélée llegó bajo el Venerable Paul Fort, entre 1907 y 1929, cuando se convirtió en referente regional. Ese impulso se vio brutalmente interrumpido en 1940 con la ocupación nazi. Sus archivos fueron quemados y su sede confiscada, un intento deliberado de borrar la memoria masónica. Sin embargo, varios de sus miembros se integraron activamente en la Resistencia francesa, participando en redes como Castille y Confrérie Notre-Dame. La logia, aunque silenciada, siguió viva en la acción.
Para la masonería contemporánea, La Zélée ofrece una enseñanza clara: la fraternidad se demuestra cuando se amplía y se defiende. Admitir al diferente, resistir al autoritarismo y servir en tiempos de guerra define una ética masónica sin retórica. Su historia recuerda que la inclusión no es concesión, sino principio; y que la discreción no excluye el compromiso. En un mundo que vuelve a levantar muros, La Zélée habla desde el pasado con voz firme. Nos invita a sostener la luz cuando se apagan las lámparas, a cuidar la memoria cuando otros la queman, y a entender que la masonería vive allí donde hombres y mujeres eligen la dignidad frente al miedo. Esa es su herencia: ilustrada, humana y valiente, todavía necesaria hoy.

Dónde los seres humanos viviendo ahí . Con un referente histórico de dignidad humana
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